Ana se mudó a Róterdam por trabajo. Tercera semana, tercer piso: un primero sin ascensor, con la agente de la inmobiliaria y el casero, que había subido a enseñar la caldera. Los dos hablaban neerlandés entre ellos. Ana, español e inglés justito para lo técnico.
El problema no era el idioma. El problema era que hablaban los dos, encadenados, y que la agente traducía al inglés solo un resumen amable.
Quién dice qué, no solo qué se dice
Ana abrió Elffuss Translator en el móvil, lo dejó en la encimera y avisó: «voy a traducir para poder seguiros, esto no sale de aquí». Nadie puso pegas.
Lo que apareció en pantalla no fue un párrafo continuo, sino la conversación separada por voces:
Casero: El contrato es tijdelijk, de dos años. Al terminar no se renueva, el piso vuelve a salir.
Agente: Es el contrato habitual aquí, no te preocupes por eso ahora.
Cuatro segundos entre una frase y la otra. Con una traducción en bloque, «el contrato habitual» se habría comido el «no se renueva» sin que nadie lo notara. Con las voces separadas, Ana vio negro sobre blanco que la persona que le iba a firmar y la persona que se lo estaba explicando no estaban diciendo lo mismo.
Preguntó ahí, de pie en la cocina. Era cierto: contrato temporal de dos años, sin prórroga. Ana se mudaba con la idea de quedarse cinco. Dio las gracias, bajó las escaleras y siguió buscando.
Por qué esto tenía que pasar dentro del navegador
Por lo aburrido y por lo importante, en ese orden.
Lo aburrido: en un piso vacío no hay router, y en un portal de hormigón el móvil va como va. Un traductor que necesita mandar el audio a un servidor ahí no traduce nada. Translator ya estaba descargado en el navegador y funcionó sin conexión, como funciona el modo avión.
Lo importante: en esa media hora, sobre la encimera y a un palmo del micrófono, se dijeron en voz alta:
- cuánto cobra Ana y en qué empresa
- su número de pasaporte y su NIE holandés
- si tenía deudas o avales
- el banco por el que iba a domiciliar
Eso es una ficha completa de una persona. No es paranoia no querer que ese audio viaje a la nube de una empresa que no conoces, se quede en un log y siga ahí dentro de tres años. Aquí no viajó a ningún sitio: el modelo corre en el navegador, sobre la GPU del propio móvil, y el audio no llega a salir del aparato. No hay nada que borrar después porque no hay nada que se haya subido.
Dos semanas más tarde Ana firmó otro piso, algo más caro, con contrato indefinido. Esta vez leyó la palabra a tiempo.
Si mañana tienes una conversación en la que importa quién dice qué, abre Elffuss Translator: se ejecuta entero en tu navegador, funciona sin conexión y el audio no se sube a ningún servidor.
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