Elffuss TranslatorConversación del día
Conversación del día · 8 de septiembre de 2026

El primo que iba a traducir la entrevista no apareció

Rachid se plantó solo en la entrevista de trabajo. Marisa abrió el portátil y siguieron adelante: una carpintería, dos idiomas y una transcripción que sabía quién había dicho qué.

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Marisa lleva veintidós años con un taller de carpintería a las afueras de Alcalá de Henares. Dos bancos, una escuadradora y, desde la primavera, más encargos de los que puede sacar ella sola. Puso un anuncio en el escaparate y en un grupo del barrio. Se presentaron cuatro personas. La cuarta fue Rachid.

Rachid había quedado con un primo que se defiende bien en español para que le hiciera de intérprete. Al primo le cambiaron el turno esa misma mañana. Él se presentó igual, puntual, con el currículum dentro de una funda de plástico.

Marisa lo cuenta sin adornos: “Otras veces, en esa situación, he dicho ‘ya te llamaré’ y no he llamado. No por mala persona. Por no saber cómo salir del paso.”

Esta vez abrió el portátil encima del banco, puso Elffuss Translator en el navegador y giró la pantalla para que los dos la vieran. Español y árabe. El micro en medio, sin auriculares y sin ceremonia.

La respuesta que no era a la pregunta

La entrevista fue tirando: años de oficio, herramientas, disponibilidad. Y entonces Marisa preguntó por la escuadradora y Rachid no contestó a eso. Se puso a contar un armario de un taller de Casablanca, una puerta que vino corta de fábrica y cómo la recuperaron con un listón y un canteado que no se ve si no lo buscas.

Ahí Marisa dejó de mirar el currículum. Esa respuesta —la que se va por otro lado y te enseña más que la buena— es justo la que se pierde cuando hay que ir palabra a palabra y por señas.

Por la noche releyó la transcripción. Como cada intervención llevaba delante el nombre de quien hablaba, pudo separar lo suyo de lo de él, y encontró dos cosas que su memoria había mezclado:

Lo segundo lo arregló con una llamada al día siguiente. Sin saber quién había dicho qué, habría sido uno de esos malentendidos que salen a la luz en la tercera semana de trabajo.

Ahí dentro se dijeron cosas que no son de nadie más

En una entrevista se habla de lo que se puede pagar y de lo que no, de por qué te fuiste del sitio anterior, de papeles, de una espalda que ya no es la de antes. Nada de eso tiene por qué acabar en el servidor de una empresa a cambio de unos subtítulos.

El audio no salió del portátil: el modelo corre dentro del navegador, en el ordenador de Marisa. De hecho, a media entrevista se cayó el wifi del taller —pasa a menudo, hay mucho hierro por medio— y aquello siguió escuchando, traduciendo y separando voces como si nada. Al terminar, ella le enseñó la pantalla y le preguntó si quería que lo borrase. Rachid pidió una copia.

Empezó el lunes siguiente.

Antes de la próxima conversación que te importe de verdad, abre Elffuss Translator: traduce en directo y separa quién habla desde el propio navegador, sin cuenta y sin que el audio suba a ningún sitio.

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