Amparo tiene setenta y ocho años, vive en Almería y enviudó el invierno pasado. Su hijo Diego lleva once años en Oslo, casado con Ingvild. El domingo la videollamada no era la de siempre: tocaba decidir si Amparo se iba con ellos.
Tres personas en pantalla y dos idiomas. Diego hace de puente desde hace una década y ya no se da cuenta de lo que eso significa: traduce a trozos, con retraso, y traduce como traduce un hijo, redondeando. Cuando Ingvild soltó una frase larga con cara seria, él la resumió en «dice que estupendo, mamá». Amparo lleva setenta y ocho años leyendo caras. Sabía que aquello no era «estupendo».
El problema no era el idioma, era quién decía cada cosa
Alguien dijo que sería «solo para pasar el invierno». Alguien dijo que la habitación de la niña se quedaba como está. Alguien preguntó qué se hacía con el piso de Almería. Amparo se quedó con las tres frases y sin saber de qué boca había salido cada una, y no es lo mismo: si lo del invierno lo dijo su nuera, es una condición; si lo dijo su hijo, es un consuelo.
Esa es la parte que ningún traductor de frases sueltas resuelve. No basta con saber qué se ha dicho. Hay que saber quién.
La segunda llamada
La repitieron el domingo siguiente. Esta vez su sobrina dejó una tableta apoyada en la mesa, al lado del portátil, con Elffuss Translator abierto en una pestaña y el altavoz subido —sin auriculares, para que el micro cogiera las dos partes de la conversación—. Nada más que eso.
Lo que apareció en pantalla fue esto:
Hablante 2: No digo que no. Digo que en enero vuelvo a trabajar y por las mañanas no va a haber nadie en casa.
Eso era lo que Ingvild había dicho la semana anterior. No era un no. Era un horario. Con la frase delante y con el nombre puesto, la conversación cambió de sitio en cinco minutos: dejó de ir sobre si la querían allí y pasó a ir sobre las mañanas de enero, que tienen solución.
Al colgar quedó una transcripción con las tres voces separadas, en los dos idiomas. Amparo se la leyó dos veces esa noche, despacio, sin nadie al lado resumiéndole.
Por qué esto no puede ir a un servidor
En esa llamada se habló de dinero, de un piso vacío, de la salud de Amparo y de una frase sobre la nuera que mejor no repetir. Es exactamente el tipo de conversación que nadie subiría a ninguna parte si se parara a pensarlo tres segundos.
- El audio no se envía a ningún sitio: el modelo corre dentro del navegador, sobre la GPU del propio equipo.
- Sin cuenta y sin cuota que se agote a mitad de frase.
- Descargado una vez, funciona también sin conexión.
- La transcripción se queda donde se hizo. Si Amparo la borra, se acabó.
Diego seguirá traduciendo a su madre cuando haga falta. Pero ya no es el único que decide qué le llega y qué no.
Antes de la próxima llamada difícil, abre Elffuss Translator en una pestaña: traduce y separa las voces dentro del navegador, sin cuenta y sin que el audio de tu familia salga del dispositivo.
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